La hora del juicio: los GOTY 2020

Si hace unos días os hablé de los títulos a los que llegué tarde, hoy toca lo que todos esperábamos: los GOTY 2020 en el sentido más puro y estricto de la semántica. Videojuegos de dos mil veinte, ¿qué tal han estado? ¿cuáles me han gustado más? ¡Descubrámoslo! es una gala en formato texto en el que hago exactamente lo que dice en el título: hablar de videojuegos de este año que tan extraño ha sido para asignarles menciones honorables, premios especiales y, a los cinco mejores, una escala numérica con la que muchos no estarán de acuerdo.

¿Pero no es ésa la magia del cierre del año? ¿No tenemos la necesidad imperiosa de cerrar el año para recopilar antes de que suenen las campanadas? Como ya dije en la entrega anterior, pensé en dejarla para principios de enero, pero tras un análisis «exhaustivo» de la lista de pendientes decidí que, con sólo una docena de días restantes, no iba a poder incluir ningún título más en la lista que respetara las condiciones que impongo para figurar en este artículo.

¿Que cuáles son esas condiciones? En primer lugar, el título tiene que haber salido al mercado en territorio español en una fecha posterior al uno de enero de este mismo año —os sorprendería que citara esta obviedad pero la gala más popular no sólo toma el diez de noviembre como fecha límite sino que admite juegos de años arbitrarios— y yo, como jugador, tengo que haber superado al menos la historia principal del título.

Como condición adicional, cualquier port de otra plataforma —o remaster que sólo ataña a aspectos gráficos directos— se considerará con su fecha original y no con la de la reedición. Las ediciones extendidas serán válidas pero tendrán la consideración de DLC, mientras que las expansiones notorias sí que serán consideradas como título completo, por rizar un poco el rizo.

¡Allévoy!

Pero antes de alcanzar la famosa lista numérica, el parón de rigor para hablar de qué títulos se merecen menciones honoríficas —o de justo lo contrario, ya que estamos—. Y no podemos mencionar ese término sin pensar en Honor Mizrahi, la protagonista de Murder By Numbers (Mediatonic). Un título que, si bien no se puede comparar a los pesos pesados de la lista que sigue, ha resultado una gran sorpresa gracias a su mezcla entre novela visual y… juego de nonogramas. No bromeo. Además, su rollo los noventa son nostálgicos pero no volvería a ellos ni harto de vino reminiscente de Bojack Horseman termina de cerrar el acuerdo.

Pero no es la única mención de Mediatonic en esta lista. De forma diametralmente opuesta a la oscura novela visual, la compañía también nos ha traído Fall Guys: Ultimate Knockout, merecedor del premio Este juego no me cansa. Y es que a pesar de sus baches técnicos y que dificultad para reaccionar a un éxito repentino, es un título al que siempre apetece volver para echar unas cuantas partiditas y que queda muy bien de fondo a las charlas de las partidas en grupo.

El título opuesto se lo lleva, por desgracia, Ninjala (GungHo Entertainment). Sí, Parecía potente, pero acabó cansando. La política de monetización demasiado agresiva y el avance de temporadas carente de ritmo eran cosas con las que era capaz de convivir, pues la base del juego es suficientemente divertida a pesar de todo. Por desgracia, el eterno matchmaking y los problemas de rendimiento no hacían más que acrecentarse a cada actualización y, si tenías que pasar más tiempo en la sala de espera o entre errores que realmente disfrutando de los combates, acababas sintiendo que tu tiempo estaría mejor en otro juego.

Otro juego orientado al multijugador y el desarrollo por temporadas que merece una mención adicional es Crash Team Racing: Nitro Fueled (Beenox), que ha sido capaz de encandilarme durante meses, pero… Todo lo bueno tiene que acabar, supongo. Y es que incluso con sus problemas a la hora de implementar el netcode y alguna que otra idea que no acababa de cuajar ha sabido convertirse en mi juego de conducción favorito y, probablemente, uno de los juegos que más horas me han tenido a los mandos de una PlayStation.

Tras dos méritos agridulce pasemos a uno positivo. Y es que no me explico por qué, pero el premio ¿Cómo demonios llevo tantas horas? es para Pokémon Café Mix (Genius Sonority). Es que, de verdad, no me explico cómo un juego —por absurdamente cuqui que sea— de unir cabecitas de monstruos se ha encontrado un hueco casi diario en mi rutina. El soporte periódico y tener una monetización que no irrumpe demasiado en mi forma de jugar son probablemente los motivos más claros, pero quizá lo que me encandila tanto es que me recuerda a tiempos en los que disfrutar de entregas de Pokémon era fácil y, ante todo, adorable.

También es positiva mi reacción sobre Streets of Rage 4 (DotEmu). Llámalo mención de honor o llámalo El mejor retorno, pero la nueva aventura del nudillo desnudo tiene que aparecer en esta lista. Recordaréis que la anterior incluyó otro título del mismo género, pero es que es una buena era para el resurgir y esta pequeña joya capaz de alegrar la tarde a propios y extraños merece un hogar digno de mención.

Volviendo a los premios mixtos, este año hay mucho que decir. Hyrule Warriors: La Era del Cataclismo (Koei Tecmo) es un título que me ha encantado y del que he completado el cien por cien, pero, seamos honestos con su epíteto: Habría entrado en la lista si no fuera un desastre técnico. Sí, sé que dije lo mismo de Fire Emblem: Three Houses y que ése sí que entró en el listado final, pero aquí adolece mucho más. No obstante, si te gustan los musou y el universo de Zelda, sigue siendo una recomendación muchísimo más que sólida.

Tampoco sé si hablar bien o mal de Animal Crossing: New Horizons (Nintendo EPD). Nunca he sido muy fan de la franquicia y este título —y este año— me ha dado una excusa perfecta para aventurarme. Si bien la fundación es sólida y me hace entender qué ve todo el mundo en él y las nuevas funciones hacen todo mucho más accesible, el diseño del juego sigue plagado de problemas que atacan frontalmente a la experencia del usuario que juega por relajarse, especialmente en términos de RNG y redundancia de diálogos. Tener que pasar por ocho menús distintos para elegir una simple opción o por seis diálogos para comprar una copia adicional de un objeto —del que vas a necesitar bastante más de una unidad— hace que ciertas mecánicas sean simplemente dolorosas. Y eso por no hablar de las implementaciones técnicas que existen detrás y de las limitaciones absurdas del online.

Sigamos en títulos que tienen que aparecer aquí, esta vez por Potencial desaprovechado. Y es que por mucho que adore la construcción del mundo, la música y el diseño de personajes de No Straight Roads (Metronomik), su mal acabado técnico —el modo multijugador es, directamente, injugable en la versión que probé— y que acabe sabiendo a muy poco por su escasa duración y arco final abrupto son dos limitaciones muy notorias de algo que podría haber sido uno de los sleepers del año. Por suerte, el estudio sigue dando soporte al juego y puede que de aquí a unos meses tenga que retirar estas líneas. ¡Mucho ánimo!

Una sensación similar, pero por motivos totalmente distintos es Lenna’s Inception (Bytten Studio). Pocos juegos me han dado una sensación así de Gema en bruto. Sí, le falta afinar un poco, y mi progresión a la hora de disfrutar del título ha sido errática. Sí, le falta gancho al principio. Pero por su jugabilidad y ambientación tan familiares y ese puntito edgy —que casi que interpretas inicialmente como una parodia del mundo del fangame—, sigues avanzando. Cuando te das cuenta, tu sensación ha pasado de ser «eh, este juego está entretenidillo, voy a seguir porque no tengo nada mejor que hacer» a «oye, me encanta lo que estoy viendo». Pero, claro: es altamente probable que si «tienes algo mejor que hacer» dejes de jugarlo antes de ver lo que ofrece. Y eso es una pena.

Y ahora tocan, respectivamente, la peor y mejor de las menciones de este espacio. Y es que pocos epítetos pueden ser tan devastadores como La decepción del año, pero Battletoads (Dlala Studio) se lo ha ganado a pulso en una presentación de la que lo mejor que puedo decir es que ojalá no sea un juego. Porque pocas sensaciones hay más extrañas al estar a los mandos que «ojalá acabe este nivel, quiero ver las escenas de vídeo». Desgraciadamente, lo único salvable con su reminiscencia de los clásicos Saturday Morning Cartoons con su humor desenfadado y que no dejaba de apelar al absurdo.

Por otro lado toca celebrar el Mejor DLC con Reflections in Crystal, el parche 5.3 de Final Fantasy XIV (Square-Enix). Si bien me encantó Shadowbringers, este parche da un broche final de oro a toda la historia de la expansión y es capaz de emocionarme como pocas cosas lo han hecho. Ya está. No hay más que decir. Chapó.

Guau, la lista de menciones especiales se ha extendido bastante, así que vamos a por el top cinco sin mucha más dilación.

#5: Xenoblade Chronicles – Definitive Edition

A estas alturas no debería ser mucha sorpresa ver la obra que puso a Monolith Software en el mapa en un listado mío de lo mejor del año. Pero es que Xenoblade Chronicles, incluso una década después, sigue siendo mucho juego y una remasterización como la que nos ocupa es suficientemente meritoria como para dar el quinto puesto entre mis favoritos del año.

Las virtudes de este juego ya las conocéis: en una época en la que el JRPG no tenía muy claro dónde ir o cómo reencontrar su identidad, esta saga decidió apostar por algo a lo que los fans de lo nipón no estábamos acostumbrados y un mundo enorme y mágico que explorar. Lo que proporciona Xenoblade es una experiencia única, rica en construcción de mundos y en interacciones entre personajes mediante contenido secundario con una más que notable historia principal. Sí, quizá algunas de sus propuestas lúdicas hayan quedado un tanto anticuadas, pero revisitar el título sigue siendo una experiencia mágica que sigo recomendando a todos, máxime con las mejoras de quality of life que nos proporciona esta edición sobre las dos previas.

Por desgracia sí que tengo que decir que el trabajo técnico del equipo b de Monolith, si bien una mejora sobre la edición de Wii, no hace justicia a lo que debería haber sido esta edición titulada definitiva. Las carencias no son un dealbreaker, claro, pero como fan absoluto del título me hubiera gustado que echaran toda la carne en el asador. Especialmente con el contenido adicional, que si bien tiene sus virtudes, se nota poco valiente.

#4: Yakuza: Like a Dragon

También lo dije en la otra lista, pero repetiré por si acaso que este año ha sido mi año del atracón de Ryu Ga Gotoku Studio y estaba claro de que uno tenía que aparecer en la lista. En este caso los que cumplen los requisitos son los remasters de la cuarta y quinta entrega y la nueva aventura con cambio de protagonista. Tras una breve deliberación, el afortunado ha sido Yakuza: Like a Dragon.

¿Por qué? Creo que por el mérito de reinventar una saga después de siete títulos y un buen puñado de spin-offs y de disfrutar haciéndolo. Sí, construir un RPG por turnos en el motor de uno de acción es meritorio y, aunque áspero, sienta una muy buena base que es capaz de compatibilizar el espíritu de los originales con la imaginación hiperactiva de Ichiban. Y es que, si bien mantiene todos los minijuegos y subhistorias que hacen tan carismática a la saga, el cambio de enfoque no afecta sólo en lo jugable.

Me gustaría escribir sobre esto en detalle más adelante, pero como adelanto puedo decir que ya sólo el hecho de pasar de un único personaje jugable en combate a un grupo —cuatro personajes activos, siete en total— es capaz de girar totalmente la forma de construir la narrativa. Pasamos del «legendario lobo solitario capaz de todo por sí mismo» al prisma del «novato que no es tan fuerte pero gracias a los vínculos de amistad es capaz de hacer frente a los retos». Que siempre haya personajes adicionales en el grupo cambia de forma radical ciertas escenas que en juegos anteriores se habrían desarrollado de otra forma, fuese quien fuera el protagonista.

#3: Astro’s Playroom

Os prometo que la simetría con la otra lista es puramente casual, pero si los de Team ASOBI han hecho algo tan bien como para considerar algo que no necesitaba mucho más que ser una demo técnica en mi tercer juego favorito del año, hay que decirlo.

Y es que si Astro Bot: Rescue Mission ya era una oda al plataformas 3D de prados verdes y cielos azules, Astro’s Playroom es capaz de llegar mucho más allá. Sí, es más cortito y recicla algún que otro asset del anterior, pero viendo el resultado poco importa. Divertidísimo como juego, súper efectivo como demo técnica y, quizá lo más importante, por fin un producto con carisma mascotil es capaz de celebrar las dos décadas y media de historia de PlayStation en particular y del videojuego en general.

Ver cómo se unen todas las pequeñas referencias es un gustazo e interactuar con las piezas de historia es algo que echaba de menos en esta compañía. Y si todo se junta en un entorno lleno de carisma, color y de un despliegue técnico encomiable, mejor aún. Y esta vez, para todos los públicos e incluido gratuitamente en la consola.

Ahora sólo falta soñar para ver qué pueden hacer con el personaje y mundo que han creado en un título de presupuesto completo.


#2: Final Fantasy VII Remake

Y en el segundo puesto, uno de los títulos más esperados de la industria. Pocas son las ocasiones que juegos como Final Fantasy VII Remake están a la altura de las expectativas, pero el equipo de Square-Enix ha logrado hacer que disfrute como un crío de su apuesta por traer el clásico a los tiempos modernos y me ha empujado a hacer correr ríos de tinta al respecto —si os apetece leer más, pulsad el enlace que acompaña—. Y es que, a pesar de los problemas que trae la necesidad de resultar impactante, la gran mayoría de la historia principal es capaz de mantenerse lo suficientemente fiel al original expandiendo de forma lateral lo suficiente como para justificar el ritmo.

La jugabilidad también acompaña logrando uno de los primeros híbridos entre juegos de turnos y de acción que realmente han sido capaz de convencerme, trayendo de nuevo el «que un jefe te resulte o no difícil depende de tu estilo de juego» y en el que resulta divertido enfrentarte a los enemigos que te encuentras por el  camino por su variedad de mecánicas e ideas.

El aspecto técnico y artístico también toca fácilmente el techo de la consola. Sí, podemos bromear sobre algún que otro groundbox y hacer cientos de memes sobre una estúpida puerta, pero creo que nadie pondría en duda que el juego se ve precioso —sí, a pesar de desarrollarse en los ambientes en los que se desarrola, no quiero imaginarme esto en lugares más variados en la secuela— y que la banda sonora es aún mejor, si cabe.

Pocas esperas han merecido más la pena para mí, y eso le da un segundo puesto más que merecido en el ránking.

#1: Ori and the Will of the Wisps

Pero el ganador de este año no es otro que la obra de Moon Studio. Si bien en algunos aspectos peca de demasiado continuista respecto a The Blind Forest, es innegable que Ori and the Will of the Wisps es un título que se ha ganado un hueco en mi corazón gracias al salto cualitativo, atención al detalle y su emotivo compás narrativo.

Los años que hemos tenido que esperar desde su anuncio hasta su lanzamiento han sido largos y, en ocasiones, incluso temí que el título hubiera sido cancelado silenciosamente o que se hubiera metido en el fondo del congelador. Pero, al ponerme a los mandos, todas la sensaciones negativas se me pasaron. Esta entrega estaba cien por cien pulida, tanto en lo jugable como en lo visual. Y es que los años pasan también para lo bueno, ya que en el interludio de ambas obras el género avanzó a pasos agigantados con otras propuestas. Y los autores de este juego decidieron la decisión inteligente: ¿si funciona, por qué no integrarlo?

Ser una secuela no implica tener que quedarse en el punto en el que salió al mercado la primera entrega y tener que evolucionarla con derivaciones e ideas propias. Si títulos como Hollow Knight casaban a la perfección con el funcionamiento del personaje, analizar las ideas que harían este nuevo Ori aún mejor era lo inteligente que hacer.

Así que el resultado es una suerte de mezcla entre lo que aporta el original, las influencias de lo que ha ocurrido en el género durante los posteriores años y una buena mesura de nuevas ideas sobre qué hacer con el personaje y mundo que han creado con tanto esmero para dar un resultado que, a pesar de tener demasiados sabores familiares, sabe defenderse de forma clara como secuela y producto único.

Y hasta aquí este año, para mí. Ha sido un caos por otros motivos, no ha habido tantos lanzamientos como buenamente me gustaría y algún que otro título que se encontraba en mi radar como Ghost of Tsushima, Hades, o Immortals: Fenyx Rising se han quedado fuera de la lista por falta de tiempo, dinero o por mala agenda y otros tantos no han figurado por mero desinterés —algo que siempre acaba pasando cuando un listado es tan personal—, como el archiaclamado The Last of Us Part II.

De todas formas, y a pesar de las circunstancias, creo que compartir algo así es una experiencia enriquecedora tanto como redactor  como escritor, así que espero vuestras opiniones al respecto, las listas que tengáis. ¡E incluso vuestras expectativas! Que aunque parezca que no, ya viene cargadito de juguetes.

Y por mi parte, ¡nos vemos el año que viene con más contenido! ¡Pasad unas buenas fiestas y manteneos seguros!