Minirreseña – ‘Fist of the North Star: Lost Paradise’

Fist of the North Star: Lost Paradise

Ryu Ga Gotoku Studio

PlayStation 4

LANZAMIENTO: 02/10/2018

Vivimos en una era en la que las adaptaciones de anime a videojuego están prácticamente relegadas a los musou, los juegos de lucha y —si la franquicia es suficientemente popular como One Piece o Dragon Ball— al experimento extraño de turno. Quizá por eso sea digno de celebración general y de curiosidad de un servidor un título como Fist of the North Star: Lost Paradise.

Comenzaré estas palabras sentando unas cases muy claras: mi conexión emocional con la franquicia es nula y mi conocimiento antes de ponerme a los mandos no llegaba más allá de las docenas de memes sobre que ya estás muerto. Así que, ¿por qué he jugado a un videojuego licenciado sin que me interese un ápice la franquicia que representa? Esto tiene una respuesta muy corta: Ryu Ga Gotoku Studio. Así que ése es el enfoque que le daré a esta reseña.

Tener a los autores de la saga Yakuza detrás terminó de descorchar mi interés. Ya el propio tráiler de anuncio hacía una asociación clara de ambos universos y poco después pudimos ver que, esencialmente, este título pretendía ser una entrega más de la saga que sustituía a nuestros bienamados maleantes por señores extremadamente musculosos del postapocalipsis. No había ningún tipo de disimulo: la presentación y desarrollo jugable eran los mismos, el combate era suficientemente similar como para que un veterano de la saga de Kiryu se sintiera cómodo a los mandos e incluso los menús y tarjetas de presentación de personajes eran fieles recreaciones con sólo un par de pinceladas artísticas originales por encima. Y, por si no fuera suficiente, todo el elenco del juego estaría compuesto en su versión original por los actores de Yakuza. ¡Incluso Kenshiro, el protagonista, tenía la misma voz que Kiryu Kazuma!

Fist of the North Star: Lost Paradise es un título que, a priori, estaba hecho tanto para fans del material original como para los seguidores de los demás juegos del estudio. Y eso se ve en el mimo al fanservice que se da sin dejar de presentar todo como una historia alternativa que se desliga de los eventos del material original para que propios y extraños se sientan cómodos. Pero eso, claro está, es una apuesta arriesgada. Si bien es fácil seguir la historia principal y la caterva de referencias y apariciones estelares de personajes, me resultó imposible empatizar con ellos o tomarles cariño y por tanto la narrativa principal empezaba, poco a poco, a darme igual hasta que en el último tramo de la historia decidí cambiar la apariencia de Kenshiro por la de Kiryu —fui listo y adquirí el DLC que lo permitía cuando era gratuito— y montarme mi propio headcanon: Kiryu se había convertido en un protagonista de isekai y ahora hacía reventar a gente con artes marciales.

Eso, de repente, refrescó mucho el juego para mí. Porque vale, sí, los cambios en el sistema de combate y la comparativamente acrecentada ultraviolencias eran raras para el os-prometo-que-no-mato de Kiryu, pero por fin sentí algo de apego. Ya que Kenshiro tenía su misma voz y la narrativa los presentaba como figuras equivalentes, pude hacer el truco y disfrutar de lo que Edén y las tierras baldías tenían que aprovechar.

Y realmente es refrescante salir de Kamurocho de vez en cuando. Si bien Edén pretende ser otro barrio rojo —esta vez en un entorno totalmente distinto— la estética, proporciones y nivel de vida lo hace una experiencia decente. Además, poder coger el coche para investigar el páramo y encontrar en él aún más referencias a ambas franquicias sonaba extremadamente bien, ¿no?

Funcionaba. Aun con sus peros —el control del buggy no es de lo más agradable, por ejemplo—, funcionaba. De hecho, y a pesar de todos los cambios de planteamiento, uno seguía sintiendo estar en un juego más de Yakuza, aunque algunas ideas jugables hicieran que distara mucho de ser el mejor. Las subhistorias están ahí, los minijuegos están ahí —¡incluso teníamos de nuevo el Out Run!— y la locura over the top del equipo estaba ahí.

Fist of the North Star: Lost Paradise es un juego que ante todo es divertido. Le faltan varios niveles de pulido y una mejor historia, sí. Pero si eres fan del manga original vas a encontrar un festival fanservice y si eres seguidor de los juegos del estudio vas a encontrar una experiencia Yakuza más que decente con muchos lazos y referencias a la franquicia de SEGA. Y en una época en la que muchos títulos licenciados parecen hechos con un molde cuadriculado, eso es más que refrescante.

+ Toda la locura over the top del equipo de Yakuza
+ Una experiencia fresca para lo que nos acostumbran las adaptaciones de anime
+ Un producto con mucho cariño al fan
- Si vienes de fuera vas a estar totalmente perdido durante la mayoría de los eventos
- El juego hubiera agradecido un tanto más de pulido
- La historia dista mucho de la calidad narrativa de los títulos principales