Minirreseña – ‘Unravel two’

Unravel two

Coldwood Interactive

PlayStation 4, Nintendo Switch, Xbox One, PC

LANZAMIENTO: 09/06/2018

Hace ya unas semanas que hablé en este mismo espacio de la primera entrega de Unravel. En conjunto, una experiencia agradable, cálida y tan única que en su día pocos esperaban que fuera a repetirse… Hasta que una conferencia de prensa de Electronic Arts dijo que Martin Sahlin, el nórdico nervioso —ahora tras un arco de personaje, vivaracho más alegre que preocupado por salir a hablar en público—  volvía al escenario para presentar su secuela, Unravel two. En las tiendas digitales minutos después, es probable que fuera uno de los anuncios más destacados del día para los que aprendieron a amar la historia de Yarny.

Ha llovido desde ese junio de 2018, pero ahora es cuando he tenido el gusto de probar una segunda entrega. Entrega que, como principal novedad, cambia el enfoque de juego monojugador a un cooperativo —que puedes jugar por ti mismo cambiando de personaje con total libertad— entre dos muñecos de lana. Un cambio que si bien es en apariencia pequeño, agita las bases del lanudo juego.

Ahora, en lugar de depender de una cantidad de lana hasta el próximo punto de control, lo que deberemos considerar en todo momento es la distancia entre los dos personajes controlables, que habrán de estar enlazados en todo. Eso nos limita el uso de las físicas de largos hilos de lana pero a cambio nos permite usar el personaje que no estemos manejando como un punto de apoyo adicional, lo que nos permitirá enfocar de otra forma la resolución de puzles. Por ejemplo, podremos colocar al primer muñeco en una plataforma alejada y balancearnos con el segundo para obtener suficiente inercia como para llegar más lejos. Hecho eso, el otro podrá escalar por el hilo que los separa.

Al final del día, la presentación jugable es un enfoque distinto en el que prima más el pensamiento cooperativo —y el plataformeo puro— frente a los puzles que caracterizaban a la primera entrega, algo que puede alienar al jugador que llegaba con otras expectativas pero que puede hacer las delicias tanto de propios como de extraños, máxime si tienes alguien con quien compartir este agradable juego.

Esta secuela sale ganando con algunos elementos, como la personalización de nuestros dos muñecos de lana y la posibilidad de desbloquear nuevas piezas mediante desafíos adicionales que añadirán unas cuantas horas al reloj del complecionista y secciones menos pausadas que intentarán sorprendernos con breves escenas que intentan ser impactantes. No obstante, hay apartados en el que el título pierde enteros. Un ejemplo claro es la estética, que se muestra con menos cuidado al detalle y un nivel de zoom más alejado para poder encuadrar a ambos personajes al mismo tiempo. Eso, junto a una acción más rápida —el juego incluso nos premiará completar los niveles en menos tiempo—, hace que la sensación de maravillarnos con el entorno que teníamos en la anterior entrega se vea reducida.

La historia de Unravel two pretende hablarnos sobre los lazos de la amistad —enlazando así con la jugabilidad— con una narrativa que se vuelve más central y evidente en presentación, si bien la ejecución no acaba de ser tan poderosa como la del original y que al final acaba quedándose un tanto a medias. El argumento, al menos en mi caso, no llega a ser tan convincente y en conjunto, si bien acompaña y es agradable, la experiencia narrativa cae varios peldaños por debajo del original.

Unravel two es un título que, se conciba como se conciba, no tiene el two titular por su intención de ser una secuela real sino por el énfasis en la dualidad, en el qué hay al otro lado de la cuerda. Y no pasa nada por ello. El esfuerzo de Coldwood acaba quedándose un poco parco como evolución, pero sí que es un buen paso lateral para traernos una experiencia que merece la pena disfrutar con alguien al lado.

+ Las divertidas mecánicas multijugador harán la experiencia divertida en pareja
+ ¡Más muñecos de lana adorables!
- La narrativa no es tan impactante como en la primera entrega
- Ser multijugador supone algún que otro sacrificio