South Park: 20 años y aún hay gente que no lo pilla

Con motivo del venidero lanzamiento de South Park: Retaguardia en Peligro he aprovechado para revisionar la serie desde su primer capítulo, que se emitió originalmente hace poco más de dos décadas. Y, como cabe esperar de un pre-lanzamiento, a sólo un mes y medio de poder disfrutar del nuevo título de la franquicia se publicó una noticia que rasgó de forma divisiva la opinión de los internautas:

El nivel de dificultad vendría indicado por el tono de piel de nuestro protagonista. “Los combates serán iguales”, explica Eric Cartman en la introducción, “pero recibirás menos dinero y la gente te tratará de modo distinto”. Mi primer pensamiento, independientemente de si se trataba de una mecánica real o de uno de los numerosos metachistes de Parker y Stone fue aplaudir. “Chicos, lo habéis vuelto a hacer”. Pero si todo hubiera sido una reacción como la mía, no estaría escribiendo estas palabras. No, Internet tuvo que volverse a incendiar.

via AllGamesDelta

De repente todo era —como cualquier cosa en Internet— una guerra encarnizada. Algunos lo catalogaban como directamente ofensivo, sin pensar siquiera que pudiera tratarse de una chanza. Otros esgrimían como argumento que era un tema demasiado real como para hacer sátira al respecto. Un tercer grupo, se sentía ofendido a nivel personal —o de agenda— por la mecánica, a pesar de adorar la franquicia, demostrando de nuevo que una porción de la base de fans de South Park se rige por un me hace gracia que insulten a todos siempre y cuando en ese todos no entre yo.

En resumen, lo que ocurre cada vez que alguien intenta usar la sátira para una lucha tan necesaria como puede ser la de la segregación racial, llevando al extremo lógico la moralidad norteamericana de que incluso el humor crítico ha de ser segregado y olvidando una de las piedras angulares de South Park: no dejar títere con cabeza. Ser mordaz con todo lo que pueda fallar sea afín o no a tu ideología hasta el punto de hacernos preguntar, como en más de uno y de dos episodios, qué es lo que hemos de pensar al respecto.

Y es que esto no es para nada nuevo. Ya lo he dejado claro, es marca de la casa. No es, siquiera, un tema nuevo en la serie de animación (11×01: Con disculpas a Jesse Jackson puede ser el ejemplo de manual sobre South Park tratando el racismo). No, amigos. Esto viene desde hace veinte años y, a lo largo de todo este tiempo he encontrado, de forma totalmente continua, gente incapaz de entender —o de aceptar— la clase de humor que esgrime la serie de animación.

Si bien todos asociamos los primeros compases de South Park con el humor escatológico y la exageración cómica de la violencia para dejar la crítica social como plato principal unos años más tarde, está claro que la semilla ha estado ahí desde los primeros días y un claro ejemplo de ello es el primer especial de navidad (1×09: El Señor Mojón) que, a pesar de su título, ya presentaba un tema que sigue en su más candente actualidad hoy por hoy.

El capítulo en cuestión presenta la polémica de que, ante una representación de la natividad en el colegio de los protagonistas, un grupo religioso —concretamente, los judíos— de siente ofendido  de que se inviertan recursos públicos en favorecer la imagen del cristianismo. Hasta ahí, hablamos de una historia que lleva repitiéndose, probablemente, desde mucho antes de la emisión del capítulo y sigue siendo relevante incluso en nuestros días. Pero siendo South Park lo que es, lo tiene que llevar más lejos en base a la demente satírica que se monta al respecto.

Como ejemplo temprano, quizá el ácido de las pullas se vea difuminado con una visión muy directa del tema, pero no por ello menos acertada. A lo largo de la escena, el Ayuntamiento de South Park está destruyendo toda la iconografía que pueda ofender a alguien, llegando a un intercambio respecto al muérdago. Tras preguntar que si alguien está ofendido, un señor levanta la mano alegando su soltería y “eh, ofende a alguien, vamos a quemarlo”.

Probablemente un espejo en el que nos seguimos viendo hoy por hoy en la era de los trigger warning (vamos a listar las cosas que podrían ser ofensivas para que alguien pueda evitar el tema en su parcela de la realidad) y los revisa tus privilegios que imperan  en la actualidad. Una progresión que alcanzó su conclusión lógica hace un par de años con el tema musical In My Safe Space (19×05: Espacio Seguro):

Es cuanto menos curioso ver cómo el avance de tantos temas sucede en paralelo y algunas nuevas voces tienen que hacer su aparición en el pueblo de colorado, como el Director PC, pero que no deja de tratar temas que ya vienen desde el origen de la misma serie.

En todo caso, y regresando a la polémica original, está claro que ésta es la forma de South Park de enfrentarse a la realidad. Obviando los espacios seguros, diciéndonos a la cara lo que hay con unas brutales hipérboles para que veamos todo de la forma más clara posible y dejándonos con un interrogante sobre la cabeza sobre cuál es la interpretación que tenemos que hacer sobre la polémica del episodio.

Retaguardia en Peligro, como ya en su día también La Vara de la Verdad, no puede permitirse ser una excepción. En una era en la que vemos nazis en las calles y son necesarios los llamamientos públicos a que ser negro en Norteamérica —y en casi cualquier otra parte del mundo, todo sea extrapolable— es un acto inteligente que, al iniciar tu partida, te hagan preguntarte por qué ese chiste está ahí. Por qué nos lo tienen que decir a la cara y cambiar la carcajada inicial de la genialidad por una preocupación genuina, por un es cierto. Y eso vale más que veinte personas con sus jaja, típico de blanquitos o un estoy en mi derecho de ser un cretino contigo porque soy de una minoría intentando usar el insulto fácil como vía de escape.

Muestra de esto son otros tantos humoristas que trascienden lo observacional —lo que aquí en España y otros países europeos resulta una frontera infranqueable para evitar el incendio mediático— para dedicarse a la mordaz denuncia social a través del humor, como Aziz Ansari en sus monólogos. Gente que recuerda que el humor es un arma, que hace pensar, y que lucha contra el terror enraizado en las interacciones.

En ocasiones, cuando atacas a todos, no atacas a nadie. Pero siempre he defendido que ése no es el estilo de South Park. El estilo de esta especial serie de animación es no dejar títere con cabeza para que tengan que ganársela en base a la reflexión. Y si te has indignado porque crees que se está frivolizando, enhorabuena. Acabas de llegar a 1998 y tienes veintiuna maravillosas temporadas de las aventuras del montañoso pueblo de Colorado.

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