La incomprendida Era Experimental Disney – Atlantis: el Imperio Perdido

 Como lo prometido es deuda, estoy de vuelta con mi proyecto de dar un poco de voz a la incomprendida Era Experimental Disney. Si ya venís resabiados a esta nueva entrada no tengo mucho más que añadir sobre ella. En caso contrario, me gustaría remitiros a la introducción (que también hace las veces de índice de esta colección de artículos que iré poblando poco a poco. En todo caso, al decidir cuál sería el primer filme que desgranaría, llegué a una encrucijada: ¿seguir el camino prefijado por la cronología o ir a mi ritmo según encontrara cosas que decir?

La solución fue fácil viendo los alentadores comentarios de twitter: no desaprovechar el reciente visionado de Atlantis: el Imperio Perdido y ponerme manos a la obra mientras todas las reflexiones siguieran frescas.

La búsqueda de una civilización perdida


En una sola noche de desdicha la isla de Atlantis desapareció en las profundidades del mar

Platón, 360, a. C.

Una cita descriptiva nos pone en situación. Una escena de acción contextualiza las palabras. En una escena llena de acción vemos cómo es el mítico imperio, pero su destino es ineludible. Sólo gracias a un sacrificio real es capaz de mantenerse con vida, a pesar de ser relegada al olvido.

Muchos años más tarde —a pesar del evidente e intencionado anacronismo tecnológico, la fecha más segura para situar el filme es 1912— conocemos a un adorable lingüista investigador de culturas muertas llamado Milo Thatch (Michael J. Fox) que se esfuerza en mantener vivo el sueño de su abuelo: redescubrir la Atlántida, uno de los mayores misterios de la arqueología. La falta de recursos no puede con su ímpetu, pero sí que le impide llegar todo lo lejos que le gustaría.

Pero sin vehículo una premisa no llega a ninguna parte, así que el excéntrico Preston B. Whitmore (John Mahoney), un antiguo colega de su abuelo, lo contrata para la expedición de su vida, ya que el Diario del Pastor —un libro en atlante que describe a la perfección cómo alcanzar la ciudad submarina— finalmente ha sido recabado. En ella conocerá a un variado y carismático grupo de especialistas con los que, tras idas y venidas, finalmente alcanzan su objetivo.

Pero para sorpresa de todos, la civilización aún sobrevive a pesar de las condiciones desfavorables, lo que cambia la perspectiva del convoy saqueatumbas y causa nuevos conflictos. Milo, lleno de entusiasmo, intenta aprender lo máximo posible de los atlantes. En especial, de la princesa Kidagakash (Cree Summer) y de todo el lenguaje escrito que, tras tantos años, parece haber sido olvidado.

Y ésa es, en primera instancia, la premisa de Atlantis. Un concepto quizá manido en la ficción —si bien fresco para lo que pretende ser la colección de clásicos Disney— pero envuelto en una narrativa de aventuras bastante sazonada con la narrativa e ideas de libros de Julio Verne como Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino —autor muy reverenciado por la compañía que siempre ha formado parte sus parques temáticos —. Un guión presentado de forma atractiva y con un vistoso y carismático elenco que, si bien no disfrutan de demasiado tiempo para verse desarrollados, se podrían mantener identificables de haber perdurado en el imaginario colectivo.

Experimentos con distinto grado de acierto


Quizá ver esto desde la perspectiva de 2017 desmerezca el mérito, pero si recordamos que este filme se estrenó en 2001, hay dos frentes en los que la animación destaca: el acertado uso híbrido del CGI (Computer Generated Imagery) y la iluminación. Sin duda, para aquella época, disponer de una animación tradicional afinada no suponía un reto. Muestra de ello es la corrección y fluidez de cada uno de los fotogramas del filme. Pero si llamamos a esto la era Experimental, por algo será.

Con una Pixar imparable en el ámbito de los largometrajes renderizados en 3D y el inminente estreno de Shrek, la compañía del ratón tenía que hacer algo por marcar su territorio como pionera. Y, tras el fracaso de Dinosaurio, no se sentía preparada para volver a hacer frente en esa carrera, así que tomó un par de pasos de lado y se dedicó a perfeccionar la atmósfera. Y el principal sospechoso es sin duda el extenso uso de la iluminación. No es casualidad que la misma cinta que nos quiere sorprender con libélulas e incendios realistas sea la que traiga de vuelta la moda de las líneas Tron. Sin duda, un pleno y una técnica que, aun a día de hoy, es capaz de estar a la altura de un revisionado.

Quizá no tan bien haya envejecido el CGI híbrido. Quizá tengamos que culpar a la remasterización de la edición Blu-ray (tanto en la pantalla grande como en los televisores de la época todo se veía más cercano a lo ideado), pero hay ciertas costuras que se pueden apreciar si nos fijamos bien. Por suerte, apostar por un estilo cel-shaded y acompañarlo de una iluminación llena de dinamismo hace maravillas en nuestra suspensión de la incredulidad.

Pero si hay un experimento que probablemente le haya costado el éxito a este filme ha sido la idea de primar la aventura frente a todo lo demás. Acostumbrados a un renacimiento en el que el protagonista era el musical —sí, ya antes de Atlantis habíamos chocado con Dinosaurio, pero incluso El Emperador y sus Locuras nos hizo tocar las palmas con Perfect World—, una película puramente aventurera nos vino de bruces a toda una generación. No teníamos una tonadilla con la que recordar este filme. No teníamos tiempo para empatizar con ningún personaje que no fuera Milo. Teníamos una aventura con un gran ritmo en la que no nos podíamos permitir echar unas risas más allá del calculado chiste ocasional.

Y es que para todos los chicos del Renacimiento este punto nos hizo plantearnos si realmente era una película Disney. El tiempo puso las ideas correctas en su lugar, pero muchos niños y adolescentes nos quedamos ligeramente alienados al ver las muertes —como el funeral simbólico tras la escena del Leviatán— y la crueldad en escena. Ya no teníamos villanos simpaticones o exagerados —aunque para ser justos, Shan Yu clavó el papel de villano totalmente serio y despiadado en Mulán—. Esto era un nuevo acercamiento a la narrativa animada para muchos.  En resumen, el cambio de enfoque se tradujo en un cúmulo de decisiones atrevidas para un filme que podría haber cosechado mucho más éxito en esta década que en la pasada.

Fracaso en taquillas, clásico de culto


El resultado comercial de Atlantis, a día de hoy, no es ningún secreto. La cinta recaudó tan solo 186 millones de dólares en todo el mundo frente a los 120 invertidos en la producción, por lo que Disney tuvo que poner todo el filme prácticamente en cuarentena. Como adelantaré en el próximo epígrafe, hubo algún que otro elemento que se salvó a la quema de brujas, pero el merchandising no tardó en cesar su producción y los trajes basados en el filme se guardaron en un olvidado cajón de los parques Disney.

A esto tampoco ayudó demasiado la reacción crítica de la película, situada actualmente en torno al 50% de aceptación en el portal RottenTomatoes. Pero dando un breve vistazo a las últimas reseñas, se observa un claro patrón: las positivas son más recientes. ¿Qué quiere decir esto? Dos cosas totalmente diferenciadas. En primer lugar, que la crítica inicial era aún más baja que ese 50% de aprobación. Pero, de forma aún más crítica, que el filme finalmente está siendo vindicado por la historia.

No hay más que echar un vistazo por Internet en general —ya sean lugares de cinéfilos o, como huella de imaginario colectivo, TVTropes— para ver que, poco a poco, se va recordando con cariño este filme y se está prestando a revisionados hasta el punto de que antiguos detractores, en retrospectiva, está obteniendo un estatus de clásico de culto entre la comunidad que puede permitirse recordar esta cinta.

Pero, volviendo a su marco temporal, el término desastre estaba escrito en todas las caras de Atlantis, desfigurando su imagen pública. Una competición cercana con La Ruta hacia el Dorado —un filme de Dreamworks del año anterior que también versaba sobre exploradores en busca de una ciudad mítica— pudo haber decrecido el interés en Atlantis en una pequeña proporción, pero los verdaderos verdugos en la carrera por la animación fueron el que todos esperábamos —una Monstruos. S.A. que ya se oteaba en el horizonte— y un pequeño competidor que atizó un fuerte golpe a Milo y compañía por sorpresa. Quizá en 2017 os resulte tremendamente raro, pero esa estrella oculta no era otra que La Banda del Patio: La Película.

Para Disney, que un filme secundario con el que cerrar una popular serie de animación venciera en rentabilidad —que no en recaudación inmediata, que se quedó en unos nada desdeñables 33 millones— y diera más que hablar entre los jovenzuelos de la época no sentó demasiado bien. Llegados a ese punto, ¿merecía la pena seguir esforzándose en experimentar habiendo valores tan seguros como ser reconocible y querido entre los niños?

Un legado truncado


Ya lo adelantaba antes, el fracaso en taquilla de Atlantis se llevó por delante cualquier posibilidad de explotación de la marca, algo especialmente duro en una época en la que las secuelas directas a vídeo y las series de animación basadas en los clásicos del Renacimiento Disney estaban en boga. Sólo sobrevivieron algunos episodios de la planeada serie de animación Team Atlantis, que supuestamente serviría como secuela para ahondar en los carismáticos personajes y desarrollar más la atmósfera ambiental de El Imperio Perdido. Ya casi finalizados, deshacerse de ellos sería perder dinero, por lo que se empaquetaron con una mala excusa y un poco trabajado hilo conductor en Atlantis: El Regreso de Milo, una cinta que llegó directamente a vídeo y que muchos preferimos no recordar.

También se planeaban un par de crossovers con otras propiedades Disney. Si bien el que aparece en La Leyenda de Tarzán —la Reina La, que pertenece a la colonia antlantea de Opar según el material de origen— no cuenta con ningún tipo de confirmación oficial de que existiera la idea de pertenecer al mismo canon más allá de tomar ciertos elementos del diseño de Kida, el que sí que conocemos como definitivamente cancelado es el episodio The Last con la genial serie Gárgolas.

Una verdadera pena, pues en aquella época la serie de los héroes mitológicos también se había quedado fuera de otro interesante crossover que muchos de vosotros seguramente conozcáis: Kingdom Hearts. (fuente)

Sora no encaja en la Ulises


Sí, definitivamente recorrer Manhattan junto a Goliath hubiera sido una experiencia única, pero es hora de mirar hacia el futuro y hacernos la pregunta que todos nos estábamos esperando: ¿sería viable adaptar Atlantis como un mundo de Kingdom Hearts III? Antes de revisitar el filme estaba totalmente convencido de ello, pero tras volver a ver la película hube de plantearme algunas dudas sobre cómo sería factible contarnos la aventura de Milo en ese formato.

Y llegué rápido a una conclusión: no tendría sentido adaptar la película. Tener una segunda fuerza optimista junto a Milo en una expedición en la que sólo él está por la aventura y embotellar a Sora, Donald y Goofy en la Ulises no cuajaría. Seguir un convoy no sería divertido. El conflicto que nos cuenta no sería interesante para un videojuego que no pretendiese ser simplemente Atlantis —como los que vimos en su época— hasta el acto final.

¿Y con un giro de perspectiva? ¿Y si nuestros héroes aparecen directamente en Atlantis y tienen que defenderse de una expedición que cuenta con un diverso espectro moral y aliarse con los héroes cuando se dan cuenta de su error? Es una opción, pero nos haría adaptar varias horas de juego desde no más de veinte minutos de película.

Pero, sin duda, sería interesante ver cómo plantear el mundo. Ya no sólo por una atmósfera de la que el Kingdom Shader podría beber de forma continua y constante —bendita iluminación—. No sólo por los preciosos parajes que nos plantea la película. No sólo por la cantidad de sincorazón que se podrían basar en la estética de los robots antiguos. Sino por todo lo que una cultura como la atlantea puede aportar de frescura a los ya más que manidos video game settings que Kingdom Hearts se ve forzada a adoptar para adaptarse a las más famosas películas.

Y es que KHIII está acertando, por ahora, en ambas cosas. Está construyendo una increíble antigua Grecia de la nada sólo respetando la estética original de Hércules. Está ideando historias basadas en el mundo y premisa de Big Hero 6 sin tener que pensar en el desarrollo del filme original. Por tanto, si hay un momento en el que Milo y Kida puedan unirse a la franquicia, ese momento es ahora.

Entonces, ¿Atlantis en Kingdom Hearts III? Sí, por favor.

Curiosidades varias


  • El prólogo de la película originalmente trataba sobre una expedición vikinga intentando encontrar la ciudad sumergida en lugar de la escena de acción que todos conocemos. Esa idea descartada fue a parar al juego de PC.
  • Kidagakash, a raíz del estrepitoso fracaso de la película, no obtuvo una posición en la línea comercial de Princesas Disney. Una pena, ya que la por aquel entonces nueva línea de merchandising podría haber arrojado un poco de luz sobre Atlantis y ayudaría a diversificar la representación racial junto a Pocahontas, Mulán y Esmeralda —que formó parte de la línea comercial hasta 2004.
  • La primera vez que Milo sube al Ulises, vomita por la borda y hace un chiste sobre que siempre hay trozos de zanahoria a pesar de no haber comido ninguna recientemente. Esa línea no figuraba en el guión original, sino que fue improvisada por Michael J. Fox y decidieron que encajaba tan bien con el personaje que se mantuvo en el corte final.
  • Atlantis no sólo fue una de las primeras películas Disney que contaba con un director de animación para cada uno de los personajes principales, sino que además intentaron dar un estilo distinto a cada uno de los personajes principales, algo que fue especialmente notable en la animación de Helga, bastante más fluida que la del resto del elenco.
  • En algún momento de la producción se contactó con Mark Hamill para prestar su voz a uno de los personajes. Si bien la idea no llegó a materializarse, tener a los protagonistas principales de Star Wars, Star Trek y Regreso al Futuro hubiera sido un verdadero puntazo.
  • El submarino de Disneyland —el de Anaheim, no el de París, que está basado en la ya citada novela de Julio Verne— originalmente planeaba estar ambientado en la esta cinta, pero el desastre comercial que supuso cambió el foco a Buscando a Nemo.
  • Según los comentarios del director en la versión en DVD y Blu-ray, cada uno de los túneles iba a contar con un monstruo distinto, pero finalmente sólo pudimos ver en acción a Leviatán.

Atlantis, el Imperio Perdido


No hay que leer mucho más para saber que éste fue uno de los filmes más punteros del conjunto de la Era Experimental Disney y que, a pesar de sus pequeños avances en la escena de culto, siempre ha merecido más de reconocimiento en el mundo de la animación gracias a su planteamiento único dentro de la compañía del ratón y de su colorido aunque algo desaprovechado elenco de personajes. Tampoco me hace falta escribir mucho para dejar clara mi más que favorable opinión sobre la película, a pesar de sus visibles costuras y a los retos —tanto técnicos como de mercadotecnia— a los que se enfrentaba.

Lo que nunca sabría decir es si Atlantis: el Imperio Perdido es un filme adelantado a su tiempo o justo lo contrario —si bien la filosofía narrativa puede encajar más con la Disney que nos trajo Zootrópolis o Big Hero 6, los cambios de tiempos y estética podrían hacer daño al conjunto—, pero la magia de la cultura es que siempre va a estar ahí para revisitarla y éste es un momento tan válido como cualquier otro.

Ahora sólo nos falta que desde California se encarguen de recordárnoslo.

  • Suzume

    Sería tannn bonito que saliera en KH III, la verdad. Ahora que por fin están sacando brillo a los mundos no puedo dejar de fangirlear con la idea de los cristales, los peces voladores o cómo se emplearía al Gran Cristal (¿tiene nombre?) en la trama principal. O incluso Kida luchando a tu lado. Ay. Ay. ¡Ay!

    Me ha gustado bastante el recorrido acerca de los problemas de la película. Nunca me detuve a considerarlo más allá de la falta de canciones y que la gente no sabía valorar los grandes equipos de personajes 8(. Es una fórmula dinámica y diferente y la agradezco mucho ahora y me encantó cuando era niña. Es un alivio saber que cada vez se le cobra más cariño a la película y, quién sabe, puede que un día tenga un puesto más digno dentro de las películas Disney.

    Me duele muchísimo lo de la continuación (sí, la vi varias veces de pequeña. Era capaz de tragarme cualquier cosa) porque había tanto sin contar en la película, que si peca de algo es de tener mucha información… Si es que eso puede ser un pecado. Habría estado tan bien poder explorar la cultura de los Atlantes y ver cómo son más allá de Kida y el Rey. En cambio tuvimos dioses nórdicos. Y un Cthulhu extraño. En fin.

    Me han encantado las curiosidades y también la reflexión sobre el CGI (aunque creo que nos pasa un poco con todo. Ahora ves la huida de Aladín en alfombra y no puedes evitar que te salga una sonrisilla), aunque quizás ha faltado algo de reflexión sobre la música (?) pero es un detalle muy pequeño.

    ¡Muchas gracias por escribir este artículo!

    ¡Un saludo!

    • Ante todo gracias por el comentario, pero allévoy:

      (El cristal se llama Corazón de Atlantis, a todo esto)

      Sobre el tema de KHIII: definitivamente, sí. Es curioso que uses la palabra “brillo” porque, como digo aquí, esta película es capaz de presumir de iluminación y Kingdom Hearts III lleva, desde el día cero, calentándonos con el concepto de Kingdom Shader (un motor de iluminación propio por mundo). Puede dar muchísimo de sí a nivel técnico y la escenografía se presta mucho. Obviamente habría que pensar muy bien cómo integrar la narrativa pero estoy convencido de que pueden hacer algo del palo de Toy Story.

      Sobre lo de Kida es un gran sí. Cuando se la ve con la máscara tribal tiene una movilidad increíble, es capaz de tirar abajo a varios de los soldados de las máscaras y ya su padre hace una referencia a lo despiadada que era “cuando era más joven”. Sabe luchar y sería genial verlo trasladado.

      El tema de la falta de canciones es curioso, porque realmente sólo es icónico de las películas tipo “princesa” y del Renacimiento. De alguna forma, Hércules, El Rey León y Aladdin son la “excepción”. Tarzán incluso empieza a alejarse haciendo que la música sea narrativa y que no se presente como “musical”, véase, con personajes cantando. Pero estábamos saliendo de una época en la que Disney era Midas y ver cómo se sale de la fórmula hacía daño. Y claro, vas juntando por aquí, por allá y con la maldita burbuja del CGI (de nuevo, es que en este aspecto ya lo vivimos cinco años antes en los videojuegos y fue terriblemente doloroso), pues la receta no sale bien.

      Por suerte, ya aceptamos este tipo de fórmulas sin quejarnos tanto. Hemos tenido Big Hero 6, Hemos tenido Zootrópolis (de la cual sigo un poco curioso de cómo habría sido el oscurísimo argumento original, con la escena del cachorro polar siempre se me encoge el corazón), o hemos tenido Rompe Ralph, que son salidas de la fórmula que han calado al público.

      Sobre la secuela, he de decir que siempre he sido defensor de las series de animación como producto secundario que construye el mundo. Las hay mejores, las hay peores, pero lo que vimos en “El regreso de Milo” con un poquito más de amor y cariño (que se nota todo muy a medio cocer) y otro tipo de continuidad podría habernos permitido ahondar en el concepto original, en el Team Atlantis. La base está ahí, los personajes funcionan por separado y, por la deidad de tu elección, ¡EL CROSSOVER CON GÁRGOLAS!

      Estoy convencido que los dioses nórdicos tienen mucho que ver con las primeras ideas de esta película, pero claro, nunca hubo tiempo para explicarlo. Y nunca lo sabremos.

      Pero, oye, quizá si la visibilidad va subiendo algún día podamos ver algo más, por pequeño que sea.